martes, 16 de enero de 2018

Usted y él

Hace más de cinco años que no la veía. Antes de aquel encuentro efímero habían pasado no sé cuántos más. Digamos que tres, capaz que cuatro, no lo sé. Sigue igual usted. Con aquella mirada misteriosa tan suya, comienzan a volver a él una serie de recuerdos. 


Si pudiera descifrar qué se esconde detrás de sus ojos, lo entendería todo. Es que es justo allí, detrás de esos iris de tonos ocráceos que se encuentran las respuestas a todas sus preguntas.  


Es esa mirada casi pícara, esa sonrisa tímida, son aquellos rasgos simétricos de nariz y mejillas los mismos que lo acompañan al fondo de la cabeza desde hace tantos años. Las ondulaciones como oro quemado y viejo que luce usted hoy lo transportan a algunos de sus recuerdos más antiguos. Lo llevan a estar sentado en frente suyo una mañana, primero él abajo y usted arriba, luego al revés, como solía ser en esos juegos, mirándole los ojos y los rizos que en aquel momento eran más claros y tratando de comprender lo que sentía. Procurando entender qué era esta extraña sensación de querer compartir las tardes junto a usted.


El día en que le dijo su nombre por primera vez, aquel momento en el que vio que el papel plastificado que colgaba de sus cuellos era del mismo color, él recuerda que no pudo disimular la pequeña sonrisa que se le dibujó en la cara. Recuerda que en aquel entonces pocas cosas lo preocupaban. Su mayor anhelo era que pudieran conversar y así fue. Usted y él hablaron sobre la trascendencia de la vida sin saberlo. Se preguntaron solo con mirarse y se examinaron mutuamente sin decir nada. Después vinieron los abusos, las ganas que usted tenía por agobiarlo, por enviarle un mensaje con sus actos rebeldes, de decirle a su manera que lo aprobaba, que usted también tenía sensaciones que no conseguía encasillar. 


Pasa que pasan los años y él cambia, crece, corre, se deja la barba, se la afeita, se la vuelve a dejar crecer, se muda, viaja, conoce gente, explora, estudia, aprende y desaprende, se gradúa, repite el ciclo, se tatúa, olvida, se enamora (o eso cree en el momento), se equivoca y aprende a seguir adelante.

Pasa que pasan los años y usted se fue, volvió, cambió, sufrió, fumó, besó, disfrutó, descubrió, se enamoró de algún hombre (y de alguna mujer), conversó, convenció, peleó, perdió y ganó, hizo muchos de las cosas que él hizo también, pero en orden diferente.


Después desapareció.


Cuando él la recordaba, le inventaba historias y destinos; un pasado y un presente. No había manera de saber qué había sido de usted. Entonces recordaba esa vieja canción de Sabina que dice que “no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”. 


Pasa que pasa el tiempo y usted sigue estando allí. Muy adentro. Pasa que él recuerda los momentos que compartieron los dos. Aquellas mañanas corriendo en los jardines de un colegio, aquel beso robado a pocas calles de su casa, aquella noche en la que usted le mostró un tango, aquel momento sentados frente a frente en un restaurante de la ciudad que tienen en común. Aquella madrugada en que se cruzaron miradas por última vez. Aquel recuerdo inmediato de verle de nuevo así sea solo en una fotografía que anunciaba su regreso silencioso a las redes sociales, a través de la pantalla de su computador, sentado frente al escritorio de su despacho en Barcelona. 


Ahora él busca la manera adecuada de acabar el texto. No lo consigue. Quizá existe una razón. Le gusta pensar que se le hace difícil porque es imposible contar el final de un cuento que aún no termina.  

domingo, 19 de junio de 2016

¿Yerba Mate?

No me puedo engañar. Después de tanto tiempo, sigo conociéndola como aquel diciembre. Está decidido que conversar puede ser constructivo, así que una conversación de ida y vuelta será.

Nunca es tarde para borrar lo que nos molesta y reiniciarnos como seres. Aunque inequívocamente hay rasgos de la personalidad que no se pueden cambiar, nosotros no somos lo que fuimos, no somos lo que somos, nosotros los simios de poco pelo, podemos decidir lo que queremos ser.

Poder evaluar lo que no nos convence y hacer de nuestra vida lo que creamos nos vaya a proporcionar tranquilidad, ese es uno de los ‘perks’ de ser pensantes. Así que, las cosas con calma,la sonrisa, el análisis antes de la acción y el aprovechamiento de las oportunidades geográficas para empezar de cero.

Estoy considerando agregar yerba mate al régimen de cafeína y balcón. Ya tengo el mate, solo falta la bombilla. Y la yerba… 

Update 19-Jul-2018: Ya tengo bombilla y yerba. También cambié el mate, gracias al regalo de un buen amigo. 

lunes, 23 de mayo de 2016

Conversar

Mucha gente rechaza de manera irrefutable la idea de volver a hablar con amores del pasado. Se considera, por su simple naturaleza, algo dañino, tonto, inmaduro. La realidad es diferente. Es bonito volver a hablar con personas que significaron mucho para uno en algún momento. Es por algo que llegaron a significar mucho, es por algo que les queremos a pesar de que ya no estén en nuestras vidas. 

No se trata precisamente de un tema de extrañar, pues creo que todos lo hemos sentido y conocemos la diferencia. Es más bien, el hecho de volver a sentir las emociones que en algún momento se vivieron, sabiendo que aunque ya no exista la pasión, siempre estará ese componente intelectual o químico que hizo que en algún momento hubiese atracción. 

A los que nos gustan las personas más por su capacidad para conversar, que por sus atributos físicos, estos encuentros lejanos, escasos de cariños, son verdaderamente importantes, aunque certeramente dolorosos. Dolorosos no porque aún exista un amor, o temas por solucionar, sino por aquellos vestigios mínimos que nos quedan de las bonitas charlas que alguna vez tuvimos y aquellas que siempre querremos haber tenido. 

viernes, 9 de octubre de 2015

Un trotamundos del baloncesto

Es octubre de 2015 y Bogotá es por primera vez sede de una fase de la Liga Sudamericana de Baloncesto. Obras Sanitarias de Argentina, Malvin de Uruguay y Vikingos de Bolivia se miden al local Piratas en un cuadrangular que durará tres días.

Es el minuto 5 del primer partido del día dos. Malvin de Uruguay derrota a Vikingos de Bolivia 14-4 y aunque con ganas de comerse al mundo, los jugadores del equipo que viste de blanco con anaranjado, bajan la cabeza por unos segundos para lamentar el rebote por el que cedieron los últimos dos puntos.

Poco tienen que ver estos vikingos con los escandinavos de otrora, que con determinación navegaron los mares e incursionaron en diferentes territorios dentro y fuera del continente europeo dejando un legado.

Las cosas se mantienen igual durante todo el encuentro. En el segundo cuarto, Vikingos consigue recortar un poco la ventaja, pero para el tercero, ya los uruguayos están a la cabeza por 14 puntos de diferencia. Sin embargo, para el equipo de Bolivia las ganas nunca cesan.

En este quinteto resalta entre jugadores de corta estatura y rasgos sudamericanos, un hombre muy alto, de piel negra, rastas en el pelo y deltoides marcados. Michael Anderson aprovecha un rebote conseguido por su equipo, conduce el balón hasta el tablero del rival y lo clava en la cesta transparente del Coliseo El Salitre de Bogotá. Esta situación se repite en varias ocasiones durante el partido.



Michael Anderson arriba a Bogotá y se reúne con sus nuevos compañeros en el lobby del hotel en el que se hospedan, ubicado al norte de la ciudad. Saluda con respeto al profesor Vargas, quien será su técnico por los próximo días. Con ayuda de un traductor (Michael es gringo) consigue hacerse entender en cuestión de minutos con el resto del equipo.

Anderson llega a esta primera fase del torneo con poco más que un par de buenas referencias del Básquet de Bolivia, pero sabiendo que el objetivo es claro, si se muestra acá, si lo entrega todo, América del Sur verá lo que tiene para ofrecer. Quizás así algún otro equipo de Bolivia o por qué no, alguno de Argentina, Brasil o Uruguay se fije en su talento.


El encuentro en El Salitre termina dejando a los uruguayos con un pie y medio en las semifinales y a Vikingos con buenas sensaciones, pues el resultado 67-47, aunque suena a apabullada, pudo ser peor.

Para Giovani Vargas, director técnico de Vikingos, los resultados son de esperarse, teniendo en cuenta la diferencia presupuestal entre su equipo y los rivales, “Es un balance positivo, ya que en Bolivia todavía el Básquet no es profesional, así que eso es lo que saca diferencia”.

El adiestrador, que llegó recientemente al equipo, desconoce con certeza el origen del nombre de su equipo, pero, como muchos otros, asegura que se debe a que “Al fundador, que ya falleció, lamentablemente, le apodaban vikingo, si no me equivoco, viene por ese lado”.

Del camerino sale hacia la grada Michael Anderson, quien anotó 16 puntos (más que cualquier jugador del equipo rival) durante el partido. Se toma fotos y selfis con varios aficionados y se sienta cerca de sus compañeros a ver el encuentro entre Piratas y Obras Sanitarias.

Después de acercarme, le pregunto en inglés a Michael si puede darme un par de minutos para una entrevista. Accede con una sonrisa y hace un balance rápido de lo que acaba de pasar en la cancha. “Considero que ambos equipos hicieron un buen partido, teniendo en cuenta sus diferentes ligas”.

La conversación deja de ser netamente relacionada con el encuentro que acaban de perder y pasamos a hablar de su pasado y futuro como jugador profesional. Michael dejó el baloncesto universitario de la NCAA y aunque no pudo cumplir su sueño de jugar en la NBA, decidió arriesgarse y dedicarse a lo que le gustaba.

Así como los vikingos de otrora, Michael Anderson anduvo por diferentes pedazos del territorio europeo buscando su lugar, pero el destino decidió que terminase jugando para un equipo boliviano en un torneo en Bogotá. Como él, son muchos los basquetbolistas norteamericanos que terminan como trotamundos, siguiendo su pasión en el lugar que tengan que hacerlo.

Anderson no sabe exactamente a dónde irá cuando acabe la temporada en Bolivia este diciembre, pero espera que su juego haya gustado, pues le encantaría quedarse en Sudamérica haciendo lo que ama.

Cuando dejamos de hablar de su futuro, hay más de una docena de personas fascinadas con la situación y quieren tomarse más selfis con Michael, él se despide dejándome su correo por si conozco de algún equipo que pueda estar interesado en sus servicios.  Se va por su lado, pensando en el partido del día siguiente, pues Obras Sanitarias, su próximo rival, llegó al torneo con la el cartel de favorito. 

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Días como hoy

Hay días en que no existo. Pasa que hoy no soy yo, sino una versión que no conozco de mí mismo. Por momentos me pregunto por la percepción que tenemos de la realidad, por la manera arbitraria en la que se decide lo que es importante.

Educación, una buena pareja, dinero, una familia, decisiones laborales correctas, un buen carro, vida saludable, propiedades, dietas, estar informado, tener una opinión sobre todo… Se hace mucho y se consigue mucho, pero se vive poco.

En días como hoy envidio a los niños, su naturaleza de inocencia, de despreocupación ante lo que otros consideran indispensable. Me pregunto qué pasa si se decide actuar como actúan los infantes, si se decide dejar de lado lo que las otras personas consideran como base de la sociedad.

¿Qué pasa si huimos, no por miedo, sino por convicción?

¿Qué pasa si nos atrevemos a sentir el viento en la cara?

¿Qué pasa si dejamos de lado los inventos humanos y simplemente somos humanos?

Desconozco en qué momento dejamos que los demás decidan lo que soñamos. No entiendo por qué seguimos sumisos a las pocas decisiones que la sociedad nos deja elegir, por qué seguimos una rutina como esclavos para alcanzar las mismas metas de todos los demás, por qué seguimos creyendo que dios está en los libros, en el pasado o en el destino, cuando tenemos la oportunidad de ser más que aduladores.

Ser humano no es hacerse un tatuaje o usar un piercing para ser diferente. Ser humano es entenderse como único e irrepetible, dejar de lado los prejuicios. Ser humano es explorar su continente, explorar el mundo, explorar el universo si se puede y llegar más allá de todo límite. Ser humano es descubrirse a uno mismo, aceptar a los demás y aprender a amar.