domingo, 19 de junio de 2016

¿Yerba Mate?

No me puedo engañar. Después de tanto tiempo, sigo conociéndola como aquel diciembre. Está decidido que conversar puede ser constructivo, así que una conversación de ida y vuelta será.

Nunca es tarde para borrar lo que nos molesta y reiniciarnos como seres. Aunque inequívocamente hay rasgos de la personalidad que no se pueden cambiar, nosotros no somos lo que fuimos, no somos lo que somos, nosotros los simios de poco pelo, podemos decidir lo que queremos ser.

Poder evaluar lo que no nos convence y hacer de nuestra vida lo que creamos nos vaya a proporcionar tranquilidad, ese es uno de los ‘perks’ de ser pensantes. Así que, las cosas con calma,la sonrisa, el análisis antes de la acción y el aprovechamiento de las oportunidades geográficas para empezar de cero.

Estoy considerando agregar yerba mate al régimen de cafeína y balcón. Ya tengo el mate, solo falta la bombilla. Y la yerba… 

Update 19-Jul-2018: Ya tengo bombilla y yerba. También cambié el mate, gracias al regalo de un buen amigo. 

lunes, 23 de mayo de 2016

Conversar

Mucha gente rechaza de manera irrefutable la idea de volver a hablar con amores del pasado. Se considera, por su simple naturaleza, algo dañino, tonto, inmaduro. La realidad es diferente. Es bonito volver a hablar con personas que significaron mucho para uno en algún momento. Es por algo que llegaron a significar mucho, es por algo que les queremos a pesar de que ya no estén en nuestras vidas. 

No se trata precisamente de un tema de extrañar, pues creo que todos lo hemos sentido y conocemos la diferencia. Es más bien, el hecho de volver a sentir las emociones que en algún momento se vivieron, sabiendo que aunque ya no exista la pasión, siempre estará ese componente intelectual o químico que hizo que en algún momento hubiese atracción. 

A los que nos gustan las personas más por su capacidad para conversar, que por sus atributos físicos, estos encuentros lejanos, escasos de cariños, son verdaderamente importantes, aunque certeramente dolorosos. Dolorosos no porque aún exista un amor, o temas por solucionar, sino por aquellos vestigios mínimos que nos quedan de las bonitas charlas que alguna vez tuvimos y aquellas que siempre querremos haber tenido.